Esta es una historia basada en echos reales los cuales me ocurrieron hará aproximadamente un par de años.
Invierno, 2 de Diciembre a las 02:00 am. En la calle un frio que pela y en un bar llamado Artesano un joven (yo) que no tenía demasiadas ganas de fiesta esa noche decidio coger el camino de vuelta a casa y volver al cálido hogar.
Nada más traspasar la puerta de salida del bar, ve a una delicada viejuna con una muleta la cuál parecía tener algun tipo de problema.
- Ven niño, ven - Le dijo la vieja.
Acercandose a ella, el intrépido joven de nuestra historia y en un acto de buena fé le preguntó:
- ¿Que le pasa, señora? - En ese momento la viejuna había levantado la muleta alcanzando el punto más alto.
- ¡Drogadiiiiiiiictooooooooooo! - Restalló con voz furiosa al tiempo que dejaba caer la pesada muleta contra el hombro de nuestro protagonista.
En vista de esto, el joven decidió retroceder unos pasos al tiempo que continuaba la conversación.
- ¿Pero qué te pasa? ¡Si estás loca que te encierren, hija de puta!
- Drogadicto, vete a vender drogas a tu barrio, aquí no queremos drogas.
- Te vas a enterar pedazo de guarra.
Dió la casualidad que esta extraña pareja en tan extraña situación se encontraban en una calle cuyas aceras en vez de tener arboles de los normales, tenia naranjos y qué, como no, estaban llenos de naranjas. Estas parecian ser unas armas contundentes. Nuestro heroe saltó, cogió tres naranjas y se dispuso a arrojarlas mientras la maldita anciana seguia vociferando en contra del joven...
Con la primera naranja en la mano, el chico adoptó una postura digna de jugador de beisbol de la liga americana, cargó el brazo y lanzó el proyectil. Decimas de segundo despues se escuchó un sonido como a hueco y la vieja cayó fulminada contra un coche. e había dado en mitad de la sien.
Ante este triunfo, nuestro colega soltó:
- No te tiro otra por que te mato.
Moraleja: No fiarse de las viejas con muletas y si os fiais, tened naranjas a mano.